miércoles 5 de noviembre de 2008

Haz conmigo lo que quieras, nena...

En el barrio la llamábamos la holandesa, porque su nombre era largo y difícil de pronunciar. Alguno la llamaba Ana.


Mas Y Mas - La Union
Ana la holandesa, estaba casada con un español que no parecía español (era alto y rubio como ella); tenía dos hijos de seis y ocho años y una figura imponente, más para la época: era alta, alrededor de 180 cm, de complexión fuerte; tenía un cuerpo muy femenino lleno de curvas prometedoras, los ojos verdes y el pelo rubo y largo.

Para mi era una mujer de ensueño y cuando oí decir a las malas lenguas que le ponía los cuernos a su marido, me planteé intentar ser yo uno de los afortunados; total me había hecho pajas gloriosas, las más gloriosas, pensando en ella. Así cada vez que me la encontraba por la escalera le saludaba muy educado y le sonreía del modo en que yo pensaba que se debía usar para seducir a una mujer.


La holandesa ya había visto lo suficiente, así que se despidió de mi sonriéndo, pero algún día después cuando nos cruzamos en la escalera, los dos solos, sin más preámbulo me preguntó:

-"Víctor, ¿te gusto?"

No fui capaz de articular palabra, me limité a responder asintiendo con la cabeza mientras tragaba bastante saliva y notaba en mi entrepierna una cierta efervescencia ya conocida. Debí parecerle un cretino absoluto con aquellos balbuceos, pero era claro que no buscaba conversación inteligente, rompió la situación diciendo:

- "ven a verme esta tarde a las cuatro, solo tendremos una hora porque tengo que ir a buscar a los niños al colegio, pero para ver si das la talla y me sirves es suficiente, ¿vendrás?".

Esta vez fui capaz de decirle que sí, y ella me dió un azotito en el culo y me ordenó que subiera a casa.
Estuve muy nervioso y demasiado callado toda la comida, pensaba en aquello de "para ver si me sirves", así pues Ana me iba a examinar y del resultado de ese examen no saldría una nota, sino mi futuro sexual con ella, me pregunté que debía hacer cuando entrara en su casa, como debería comportarme para causar buena impresión.

La verdad es que todo lo que yo había pensado que debía hacer no valió para nada, me abrió la puerta, me recibió desnuda y tiró de mí hacía dentro, la seguí por el pasillo..., tenía un cuerpo espectacular. Me tenía dominado, no podía salir de su agarre, no me podía mover si ella no me lo ordenaba...


Ese primer día me echó sobre la cama, subida encima de mí me desvistió, al acabar de desvestirme hicimos algún forcejeo desnudos. En un momento dado, casi sin esforzarse, me volvió a inmovilizar, a continuación se sentó sobre mi cara y se estuvo frotando un buen rato contra ella. Creo que tuvo varios orgasmos mientras yo, en algunos momentos, me debatía frenético; pude también comprobar, que no era muy limpia, debía de lavarse las partes íntimas solo en las fiestas mayores.

Mi reflexión, y mi inútil lucha por la vida, fueron cortadas de golpe por algo que para mí era nuevo, sorprendente y maravilloso, una calidez hasta entonces nunca sentida envolvía mi rabo; sin dejar de tenerme sometido, aunque dejándome respirar, Ana me la estaba chupando y lo hacía bien la muy golfa, de hecho yo me retorcía como un gusano, gemía, mil veces sentí que iba a explotar, pero ella en los momentos críticos frenaba con sabios apretones la salida del líquido, hasta que decidió que ya estaba bien y pegó una última chupada con la que sentí la mayor de las sensaciones...

Mientras me reponía ella se quitó de encima, me agarró por una oreja, se tumbó en la cama abierta de piernas y tirando de la oreja prisionera colocó mi cara en su sexo, ordenó: "chupa", así que, sin pensármelo dos veces, me zambullí y empecé a babearle el xoxo, terminó con un orgasmo terrible.

Después de aquello, no volví a verla... pero nunca podré olvidar a Ana la holandesa...

Entre rejas...

Ella, Elle lA - France Gall

Una llamada me despertó a las 3 de la madrugada, era la policía, te habían detenido, habías formado parte en una pelea en un bar.
El día anterior había sido caótico, habías llegado tarde a nuestra cita y encima no te podías quedar a pasar la noche conmigo porque habías quedado con unos amigos en un bar de copas, otra despida de solteros.

Al principio pensé en no ir a buscarte pero en la lucha entre mi ángel y mi demonio, ganó el ángel y fui a buscarte.


Esa noche la policía tenía mucho trabajo y poco espacio, como no eras peligroso y lo único que tenías que hacer era dormir la mona te trasladaron a los nuevos calabozos que aun no estaban del todo habilitados.

Subí las escaleras hasta la quinta planta, parecía que estaba en un sótano, no había ventanas, solo unos largos pasillos y en cada pasillo 5 o 6 celdas. Todas estaban vacías, menos la última. Allí estabas tú. Tumbado en esa cama mirando al techo con cara de cansancio y preguntándote que hacías allí.


La situación era graciosa, yo allí, con el poder en mis manos, las llaves de tu libertad. En una mesa de al lado había unas esposas con sus llaves. Entré en la celda y te las enseñé, en mi cara había una sonrisa socarrona. De un plumazo me las intentaste quitar pero no te dejé, habías sido un chico malo y merecías castigo...


Te até las manos a un barrote, de forma que no podías moverte. Tus brazos estaban elevados por encima de tu cabeza. Eras mi prisionero, eras mi rehén. Cogí un pañuelo de mi bolso y te vendé los ojos, estaban inmóviles, estabas desconcertado.



Comencé a besarte, a lamerte, me buscabas pero cada vez que te acercabas me tiraba atrás. Te quité la camisa despacio, besé tu pecho, tus pezones, tu cuello. Mi lengua recorría tu cuerpo con deseo, notaba tu sexo rígido, expectante. Te quité el cinturón y te desabroché los pantalones, toque tu sexo, estaba caliente, fibrado, lo lamí a través del calzoncillo, te movías de placer, me llamabas, pero yo estaba disfrutando demasiado.

Te bajé los calzoncillos y besé tu sexo, estaba suave, ardiente, lo introduje en mi boca mientras mis manos tocaban tus testículos, de mi boca entraba y salía como un resorte. Mi lengua recorría todo tu ser, chupaba tu glande, buscaba con mi lengua su rugosidad, tu cuerpo se convulsionada al son de mis movimientos, gemias de placer, agarré tus nalgas esperando tu explosión, tu cuerpo estaba ardiente, mi boca se llenó de ti, en cada inyección tragaba tu ser, su esencia, tu vida, tu placer. Jadeabas, tu cara era una mezcla de alivio y egoísmo, querías más.


Te quité la cinta de los ojos y te solté las manos, no me dejaste reaccionar, cuando me di cuenta estaba encima de ti, me besabas salvajemente, tus labios querían recorrer mi cuerpo sin permiso, sin sentido. Rompiste la camisa que llevaba, apartaste el sujetador hasta que mi pechos estaban en tu boca, te llenabas con ellos, los mordías, tu lengua frotaba mis pechos, estabas desnudo encima de mi, me desabrochaste los pantalones con violencia, la lujuria te hacia torpe, mi ropa interior no duró mucho en su sitio, fue arrancada en menos de 5 segundos, tus manos me obligaron a abrir las piernas y me penetraste con violencia, chillé de placer y de dolor, tus movimientos eran duros, profundos, querías follarme, querías poseerme, querías correrte dentro de mi, mis piernas rodearon tu cintura buscando la posición perfecta, solo algunos empujones bastaron para llegar al orgasmo, empujabas más y más..., querías llegar a mis profundidades, a mi alma.


Nuestro pulso estaba muy acelerado, me besaste, tu lengua buscó la mía. Apoyaste tu frente a la mía y me dijiste "Buenos días cariño, como ha ido la noche"

jueves 19 de junio de 2008

Jinetes en la Tormenta...

Riders on the Storm

Soñé que estaba dormida, que dormía a tu lado, luego me sentiste te diste vuelta y fingí seguir durmiendo... dormitaba boca abajo, desnuda, solo con una tanga que la sábana dejaba entrever ligeramente... suspirando por ser tan feliz, y tenerte a mi lado.



Encontrados en la oscuridad, solo con los reflejos de la calle, vislumbrante sobre mi cuerpo... me sentiste. Posaste tu mano en mi espalda, retiraste la sábana que me cubría y con la sutileza que tienen tus dedos empezaste a subir y bajar... lentamente, como sabes que me gusta sentirte... Acariciaste toda mi espalda.. posaste tu mano entera y sentí tu piel; me pones tanto cuando haces esto... lo sabes... solo que ahora es diferente y mas especial.. Siento tu mirada dulce y juguetona rondando mis pechos. Las caricias poco a poco se hicieron de una intensidad tal, que tenia que abrir mis ojos y continuar con lo que habías iniciado, mis manos buscaron a tientas tu cuerpo para sentir tu calidez, el olor de tu cuerpo me enardecía, la excitación dentro de mí aumentaba de tal manera que no podía controlarme, un leve temblor inundaba todo mi ser, esta vez me detenía a cada momento para lamer cada parte de piel que iba descubriendo, deseaba saborearte como nunca antes lo había hecho... Tu ibas besando y acariciando cada centímetro de mi, me hacías temblar y desear que esto nunca terminara... la sensación era tan fantástica.



Tanto así que estaba lista para lo que fuera y darte todo el placer que me pidieras, mi boca buscó con avidez tu miembro lo tome con mis manos, me acariciaste el cabello delicadamente, abrí mis labios para chupar tu pene, en cuanto metí la punta, escuché unos leves gemidos escapar de tu boca, lamí alrededor del glande para que sintieras mayor placer, me tomaste por la nuca y, con un movimiento muy leve, me incitaste a que siguiera, hacia unos pequeños recorridos con mi lengua. Pasados unos minutos pediste que parará, me levantaste y me acostaste boca abajo, cariñosamente me cubriste de besos y caricias todo mi cuerpo...



Iniciaste tu recorrido por mis pies, subiste lamiendo y besando lentamente por mis piernas, alternabas tus caricias entre una y otra, al sentirte sobre mi, estaba trastornada por el goce, mis sentidos únicamente estaban concentrados en ti y tus mismos sentidos, en ese momento me sentí la mujer más feliz de la tierra.



Tu húmeda lengua se paseó por toda la profundidad que tenías a tu alcance, me estremecí por la deliciosa sensación, poco después, iniciaste nuevamente tu recorrido por mi cuerpo, mi espalda se arqueó cuando tu lengua se posó sobre ella, no detuviste tu marcha hasta llegar a la parte posterior de mi cuello, ¡eso me enloquece! mi conciencia se perdió en la inmensidad del placer, definitivamente, mi ser era ya arcilla que moldearías a tu antojo con tus poderosas manos.



¡Deseaba unirme a ti en ese mismo instante!, pero aún no terminaba tu labor, me diste la vuelta y las caricias iniciaron ahora por mi cara, los besos que me diste eran ardientes y denotaban que tu agitación aumentaba, poco a poco fuiste bajando hasta llegar a mis pechos que se movían agitadamente al compás de mi respiración..., tus dedos buscaron mis pezones, los tocaste levemente, como si quisieras tenerlos siempre entre tus manos, tus caricias aumentaron de intensidad, pellizcando cada vez más fuerte, al mismo tiempo que me levantaba para tenerte más cerca.


Con mis manos atraje tu cara hacia ellos para que pudieras saborearlos, entreabriste tus labios para introducirlos uno a uno en tu boca, emití un gemido desde el fondo de mi interior para hacerte saber que la deliciosa caricia que me aplicabas era definitivamente indescriptible, cambiabas de vez en cuando tus labios por tus dedos para apretar mis pezones, una mordida furtiva me hizo gritar, una especie de descarga eléctrica corrió por mi ser, mi cuerpo se levantó por la mezcla de dolor y placer al mismo tiempo, continuaste con las caricias y abriste mis piernas para poder alcanzar a besar mi entrepierna, ya estaba húmeda y lista para llegar contigo a donde quisieras, lamiste mi clítoris mientras que con tus dedos jugueteabas en mi interior y, con eso, lograste transportarme hasta llegar al orgasmo. Abriste con ternura mis piernas, te colocaste en medio de mi y yo estaba ansiosa de sentirte dentro..., lo hiciste con la mayor lentitud que fue posible, yo disfruté cada milímetro de ti...

Cuanto llegaste al fondo iniciaste un movimiento hacia dentro de mí ser, rodeé con mis piernas tu espalda para que la penetración fuera total, te recostaste sobre mí y nuestros labios se fundieron en un interminable beso. Tuve varios orgasmos mientras estabas dentro, con cada movimiento..., la increíble experiencia duró mucho tiempo, ¿cuánto?, no lo se, pero lo que si estoy segura es que cuando ibas a terminar, me estrechaste tan fuerte como te fue posible, me y quedaste desfallecido por el cansancio sobre mí.