Mas Y Mas - La Union
Ana la holandesa, estaba casada con un español que no parecía español (era alto y rubio como ella); tenía dos hijos de seis y ocho años y una figura imponente, más para la época: era alta, alrededor de 180 cm, de complexión fuerte; tenía un cuerpo muy femenino lleno de curvas prometedoras, los ojos verdes y el pelo rubo y largo.
Para mi era una mujer de ensueño y cuando oí decir a las malas lenguas que le ponía los cuernos a su marido, me planteé intentar ser yo uno de los afortunados; total me había hecho pajas gloriosas, las más gloriosas, pensando en ella. Así cada vez que me la encontraba por la escalera le saludaba muy educado y le sonreía del modo en que yo pensaba que se debía usar para seducir a una mujer.

La holandesa ya había visto lo suficiente, así que se despidió de mi sonriéndo, pero algún día después cuando nos cruzamos en la escalera, los dos solos, sin más preámbulo me preguntó:
-"Víctor, ¿te gusto?"
No fui capaz de articular palabra, me limité a responder asintiendo con la cabeza mientras tragaba bastante saliva y notaba en mi entrepierna una cierta efervescencia ya conocida. Debí parecerle un cretino absoluto con aquellos balbuceos, pero era claro que no buscaba conversación inteligente, rompió la situación diciendo:
- "ven a verme esta tarde a las cuatro, solo tendremos una hora porque tengo que ir a buscar a los niños al colegio, pero para ver si das la talla y me sirves es suficiente, ¿vendrás?".
Esta vez fui capaz de decirle que sí, y ella me dió un azotito en el culo y me ordenó que subiera a casa.
Estuve muy nervioso y demasiado callado toda la comida, pensaba en aquello de "para ver si me sirves", así pues Ana me iba a examinar y del resultado de ese examen no saldría una nota, sino mi futuro sexual con ella, me pregunté que debía hacer cuando entrara en su casa, como debería comportarme para causar buena impresión.
La verdad es que todo lo que yo había pensado que debía hacer no valió para nada, me abrió la puerta, me recibió desnuda y tiró de mí hacía dentro, la seguí por el pasillo..., tenía un cuerpo espectacular. Me tenía dominado, no podía salir de su agarre, no me podía mover si ella no me lo ordenaba...

Ese primer día me echó sobre la cama, subida encima de mí me desvistió, al acabar de desvestirme hicimos algún forcejeo desnudos. En un momento dado, casi sin esforzarse, me volvió a inmovilizar, a continuación se sentó sobre mi cara y se estuvo frotando un buen rato contra ella. Creo que tuvo varios orgasmos mientras yo, en algunos momentos, me debatía frenético; pude también comprobar, que no era muy limpia, debía de lavarse las partes íntimas solo en las fiestas mayores.
Mi reflexión, y mi inútil lucha por la vida, fueron cortadas de golpe por algo que para mí era nuevo, sorprendente y maravilloso, una calidez hasta entonces nunca sentida envolvía mi rabo; sin dejar de tenerme sometido, aunque dejándome respirar, Ana me la estaba chupando y lo hacía bien la muy golfa, de hecho yo me retorcía como un gusano, gemía, mil veces sentí que iba a explotar, pero ella en los momentos críticos frenaba con sabios apretones la salida del líquido, hasta que decidió que ya estaba bien y pegó una última chupada con la que sentí la mayor de las sensaciones...
Mi reflexión, y mi inútil lucha por la vida, fueron cortadas de golpe por algo que para mí era nuevo, sorprendente y maravilloso, una calidez hasta entonces nunca sentida envolvía mi rabo; sin dejar de tenerme sometido, aunque dejándome respirar, Ana me la estaba chupando y lo hacía bien la muy golfa, de hecho yo me retorcía como un gusano, gemía, mil veces sentí que iba a explotar, pero ella en los momentos críticos frenaba con sabios apretones la salida del líquido, hasta que decidió que ya estaba bien y pegó una última chupada con la que sentí la mayor de las sensaciones...
Mientras me reponía ella se quitó de encima, me agarró por una oreja, se tumbó en la cama abierta de piernas y tirando de la oreja prisionera colocó mi cara en su sexo, ordenó: "chupa", así que, sin pensármelo dos veces, me zambullí y empecé a babearle el xoxo, terminó con un orgasmo terrible.
Después de aquello, no volví a verla... pero nunca podré olvidar a Ana la holandesa... 









Soñé que estaba dormida, que dormía a tu lado, luego me sentiste te diste vuelta y fingí seguir durmiendo... dormitaba boca abajo, 




